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martes, 4 de septiembre de 2012

Ilusiones

¿Qué te parece?
Lo que me parece, respondió lentamente, es que si abro los ojos ahora, a lo mejor no estás ahí.
Sí, repuse, entiendo lo que quieres decir. Por otro lado, si no los abres, nunca sabrás si estoy aquí o no, ¿verdad?
Me parece que no tengo valor suficiente.
Pues claro que lo tienes. Y además, te olvidas de que tengo las manos metidas en la bañera. Te estoy tocando la espina dorsal y la rabadilla. Si no estuviera aquí, no podría hacer eso, ¿o sí?
Todo es posible. Podrías ser otra persona, alguien que pretende ser David. Un impostor.
¿Y qué estaría haciendo un impostor contigo en este cuarto de baño?
Llenarme la cabeza de fantasías perversas, hacerme creer que puedo tener lo que deseo. No es frecuente que alguien diga exactamente lo que quieres oír. A lo mejor he sido yo quien ha dicho esas palabras.
Puede. O quizá es que alguien las ha dicho porque lo que quiere es lo mismo que tú quieres.
Pero no exactamente. Nunca es exactamente, ¿verdad? ¿Cómo puede ese alguien decir exactamente las mismas palabras que yo había pensado?
Con su boca. De ahí es de donde salen las palabras. De la boca de alguien.
¿Dónde está esa boca, entonces? Déjame sentirla. Apriete esa boca contra la mía, señor. Si la siento como debo sentirla, sabré que es tu boca y no mi boca. Entonces quizá empiece a creerte.

El libro de las ilusiones - Paul Auster

sábado, 21 de julio de 2012

Momo

EXISTE una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.

Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora.

Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.


Incluso llegaron horas en que deseaba no haber oído nunca la música ni haber visto los colores. No obstante, si la hubiesen dado a elegir, no habría renunciado a ese recuerdo por nada del mundo. Aunque se hubiera muerto por ello. Pues eso era lo que vivía ahora: que hay riquezas que lo matan a uno si no puede compartirlas.

viernes, 20 de julio de 2012

El Principito

Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.